Cuando eramos pequeños el mundo era mucho más bonito, divertido y lleno de fantasias. Creiamos a pies juntillas en todo ser sobrenatural, como Papa Noel, un tipo que reparte regalos sin cobrar.
Eramos muy felices, sin duda, entonces ¿por que teníamos que saber que en este mundo nadie mueve un dedo sin cobrar?¿Por que no podíamos vivir para siempre dentro de ese cuento de hadas?
Es cierto, teníamos que crecer, así el mundo empezó a vengarnos.
Y mi pregunta es ¿verdaderamente teníamos que crecer?¿Ser adulto es algo voluntario?
En mi caso, fue voluntario pero sin buscarlo ni quererlo. Aún recuerdo claramente aquel día, el día en que sentí la primera amargura. Quiza en aquel entonces dejé de ser una niña, metí de lleno la pata en el mundo de los adultos, lleno de desilusiones.
Mi madre siempre me contaba bonitos cuentos, llenos de imaginación. Uno de ellos era el de un mundo de enanos que vivía encima de la nevera.
Yo era muy pequeña y mi madre -por supuesto mucho más grande que yo- cada vez que se asomaba encima de la nevera me contaba algo sobre la vida de los enanos que vivían allí.
Como era tan bajita no llegaba a ver encima, y por eso siempre le pedía que me contara que estaba haciendo la gente de allí.
Todas y cada una de las veces que se lo pedía me respondía:
"Hoy todos estan bailando y cantando, deberá ser la fiesta de cumpleaños de alguien"
"Hoy estan comiendo una sopa, porque esta nevando por allí."
"Oh, su madre le ha regalado un elefante, ¡un elefante rosa!"
Yo estaba loca por crecer, bebía mucha leche y comía mucha zanahoria sin gana (¡es que no me gustaba!) porque mi madre siempre me decía que con esos alimentaos se crece más rapido.
Pero no podía aguantar más. Un día, cuando mi madre estaba en la casa de un vecino, cojí una silla y subía ella.
No me critiques, soy asi de tramposa desde aquel entonces, lo se. Pero no había otro remedio, quería verlo a toda costa.
Entonces me asomé con muchas ilusiones por fin al mundo de enanitos de encima de la nevera.
Pero no había nada, era un vacio completo, con un poco de polvo.
¿Habría desparecido porque hice trampas?
¿O sería que no había existido desde un principio?
No podía preguntarle a mi madre para que no me pillara. Me puse enferma y todo de tanto pensarlo.
No volví a preguntarle sobre ellos, así fue mi primer paso hacia ser adulto.
Quiza sea algo inevitable pero aun me arrepiento, era demasiado temprano para dejar de ser niña.
¡Maldita sea! Desde pequeña soy así de tramposa, si no lo hubiera hecho podría haberlo creido hasta... ¿ahora? Por lo menos hasta que creciese lo suficiente, pues.. hasta ahora.
Me arrepiento mucho, de verdad.
.
miércoles, enero 25, 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 コメント:
Hola Miumiu!
Esta historia me parce muy tierna...que buena tu madre...Ojalá siempre creyéramos en esos personajillos de encima la nevera... ojalá siempre tuviésemos la ilusión de un niño de 6 años y sólo viéramos en el mundo la amistad, el amor y la felicidad, todo nos pareciera con sabor dulce y de color rosa, la música como único acompañamiento...sin gritos de dolor, de rabia, de odio, de abaricia, de envidia, de pena...
No podemos apartar esa ilusión de nuestros corazones o viviremos...muertos!
Un beso y gracias por escribir en este blog...es genial!
Publicar un comentario en la entrada